sábado , 10 octubre 2026

Trump declara la guerra a la NBA: cómo la liga de baloncesto se convirtió en su peor pesadilla

Quién iba a decirle a Donald Trump que la NBA acabaría convirtiéndose en su némesis, en la horma de su zapato. A menos de tres meses de las elecciones en que se juega su futuro político, el tuitero más célebre del mundo está intensificando su cruzada contra la más pujante y global de las ligas deportivas estadounidenses. 

Grandes estrellas del deporte de la canasta como LeBron James, Carmelo Anthony y Stephen Curry le merecen más tuits despectivos y agresiones verbales que rivales políticos como Kamala Harris o Joe Biden. 

Uno de los principales empeños del inquilino de la Casa Blanca parece ahora mismo insistir en lo muy politizada, lo muy radical y lo muy desconectada de la realidad cotidiana de los estadounidenses que se ha vuelto la NBA, y en cómo esa peligrosa deriva política la condena al “fracaso” y a la irrelevancia, reseña El País.

Sin embargo, más allá de ese universo paralelo en que se ha convertido la cuenta de Twitter de Trump, está la realidad que perciben el resto de mortales. Y en ella, la NBA no está fracasando. Al contrario. En los últimos meses, la suya es más bien una historia de éxito. Un ejemplo de cómo adaptarse a la nueva normalidad de manera eficaz sin poner en peligro ni su modelo de negocio ni la salud de los implicados.

Justo lo que Trump, el presidente al que se atribuye una más que cuestionable gestión de la pandemia global que se ha cobrado más de 160.000 vidas en Estados Unidos, no ha sido capaz de hacer. Al líder republicano le resulta urticante el éxito de una liga que le desprecia desde que llegó al poder en noviembre de 2016. Ya en 2017, decidió retirarle al equipo campeón, los Golden State Warriors, la habitual invitación a visitar la Casa Blanca, harto de ser criticado por jugadores de la franquicia de Oakland como Curry, Draymond Green o Klay Thompson.

 

Silver contra todos

Adam Silver asumió un considerable riesgo el 11 de marzo de este año. Judío neoyorquino de 58 años, simpatizante demócrata y licenciado en Derecho y Ciencia Política, el alto comisionado de la NBA tomó la decisión de suspender la liga que preside muy pocas horas después de que el pívot de los Utah Jazz Rudy Gobert, diese positivo por covid-19. Fue el primer dirigente de una de las grandes ligas que se decidió a asumir la gravedad de la situación y adoptar medidas drásticas. Mientras tanto, en Europa, se disputaban aún, ante decenas de miles de espectadores, partidos de fútbol internacionales como el Valencia-Atalanta o el Liverpool-Atlético de Madrid, descritos días después por los expertos como “bombas víricas” que contribuyeron de manera significativa a la difusión de la enfermedad por el viejo continente.

Justo es reconocer que a esas alturas del partido sí daba la sensación de que la NBA estaba fracasando: la imagen de Gobert, un tipo extrovertido y con cierta fama de fanfarrón, tocando todos los micros de la sala de prensa de los Blazers para demostrar que no le tenía miedo “al virus chino” justo antes de que se confirmase su positivo dieron la vuelta al mundo. Se interpretaron como una prueba más del preocupante nivel de autoindulgencia e inmadurez de unos deportistas de élite que no entienden el mundo en que viven.

A mediados de junio, sin embargo, Silver anunció que la NBA iba a reanudarse muy pronto y que lo haría siguiendo un innovador protocolo para garantizar la seguridad de los jugadores. Así nació el llamado “proyecto burbuja”, que ha consistido en concentrar a 22 de los 30 equipos (los ocho que no tenían opciones reales de clasificarse para los playoffs fueron eliminados) en el complejo turístico de Disney World, en Bay Lake, Florida, muy cerca de la ciudad de Orlando. Allí se creó un entorno seguro en que los jugadores llevan más de un mes viviendo, entrenando y compitiendo sin apenas contacto con el exterior y sometiéndose a análisis diarios. Los equipos se instalaron en Florida a partir del 7 de julio y los partidos de lo que quedaba de temporada regular empezaron a disputarse, sin público en el pabellón, pero en condiciones de relativa normalidad, tres semanas después, el 30 de julio.

Adam Silver en los playoffs celebrados el pasado 19 de agosto en Lake Buena Vista, Florida. Foto: Getty

Hasta la fecha, arrancados ya unos playoffs que se prevén muy abiertos y apasionantes, no se ha registrado ningún positivo por coronavirus entre los 344 jugadores que han competido en la burbuja de Orlando. Y eso se debe, tal y como explica Derek Robertson en la revista Politico, no a que son “un grupo de hombres jóvenes, saludables, atléticos y con muy buena suerte”, sino sobre todo a que se ha aplicado un protocolo “muy riguroso y eficaz” y un modelo de confinamiento y cuarentena “tan innovador que casi parece cosa de ciencia ficción”.


Descubre más desde PanamaExtrema.com

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.